lunes, 13 de septiembre de 2010

ANTECEDENTES HISTORICOS

En la instrucción pública en México, asociada a la construcción de nuestro país y a la consolidación del Estado moderno, sobresalen los múltiples esfuerzos por atender las demandas sociales de la población. La formación de profesores de educación física ha sido parte de la política educativa nacional y ha encauzado sus planes y programas hacia el cumplimiento de los principios educativos y, particularmente, hacia el desenvolvimiento integral de los alumnos y las alumnas.
Desde hace mucho tiempo las escuelas normales han tenido a su cargo la formación de profesores para la educación básica y el papel del maestro ha sido esencial en la consolidación del proyecto educativo. Así, en 1885, en la Escuela Modelo de Orizaba y en la escuela normal de Xalapa, Enrique C. Rébsamen, mediante los cursos de perfeccionamiento para profesores, advirtió que la teoría de la disciplina, la importancia del trabajo corporal y la enseñanza de los principios de la educación física e higiénica eran los componentes básicos del perfil del maestro.
Posteriormente, en el primero y segundo congresos de instrucción, que tuvieron lugar entre 1889 y 1891, se subrayó la importancia de la educación física en los diferentes grados educativos, para tomarla en cuenta dentro de los programas oficiales. Como resultado, en 1891 se instituyó la Ley Reglamentaria de la Instrucción Obligatoria del Distrito Federal y Territorios de Tepic y Baja California, que reconoció a la educación física como parte de la formación escolar integral. En esa época, la inclusión de la educación física en los planes y programas de educación primaria se caracterizó por la impartición de las primeras clases de gimnasia en las escuelas elementales del país.
En 1907 fue creada la Escuela Magistral de Esgrima y Gimnasia y, al año siguiente, la institución contaba con su primer mapa curricular, que ofrecía las bases para la formación de profesores en educación física, la cual estaba orientada, sobre todo, a la formación militar.
Como resultado del movimiento social que inició en 1910, el congreso Constituyente de 1917 enfatizó el carácter público y laico de la educación, y definió un proyecto de cultura que trajo consigo el reconocimiento de los valores nacionales y el fortalecimiento de la unidad del país. En este proyecto se resaltaba el papel del maestro como promotor de la educación y a ésta como un derecho de todos los niños y jóvenes en edad escolar y como fundamento de una sociedad equitativa, desarrollada y con profundo sentido humanístico.
Con la creación de la SEP en 1921 y el gran impulso que dio su titular, José Vasconcelos, a la consolidación de la educación nacional, se contó de ahí en adelante con una instancia organizativa que desde sus inicios contempló en su proyecto a la educación física. Desde esta perspectiva se formuló un nuevo concepto de educación física que hacía referencia a las formas que adquiere la expresión corporal humana y se concibió al educador físico como el responsable de promover conocimientos y desarrollar habilidades en este campo. En palabras de Vasconcelos, se trataba de “estimular a través del ejercicio la salud física y espiritual, desvinculándola del récord y la apuesta”.
En 1923, la creación de la Dirección General de Educación Física y de la Escuela Elemental de Educación Física para formar profesores significó un avance importante hacia la consolidación del proyecto postulado por la SEP. La propuesta se orientó con un enfoque metodológico y sistemático de la especialidad (1923-1927), que buscó concretar la relación entre cuerpo y mente, y promover, mediante la práctica del juego y el deporte, el ideal corporal como reflejo de la moral más alta. Además, en la propuesta se proponía rescatar las danzas autóctonas y el folclor, entendidos como bienes culturales que preservan el sentido de lo mexicano y se incorporó la enseñanza de los deportes de origen anglosajón: atletismo, basquetbol, voleibol, futbol y natación. En esa época existió también la Escuela Universitaria de Educación Física, fundada en 1927, dependiente de la Universidad Nacional, que orientaba la disciplina con un enfoque higiénico-deportivo, para promover el cuidado de la salud.
Durante los años 30 se delineó desde la SEP una visión comunitaria y socializadora de la educación, en el marco de la educación socialista que caracterizó el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. De acuerdo con este proyecto, y con el fin de centralizar la coordinación de la educación física a nivel nacional, se creó el Departamento Autónomo de Educación Física. Además, para formar profesores en esta especialidad, que trabajaran en los distintos niveles y modalidades educativas del país, en 1936 se fundó la Escuela Normal de Educación Física, que permaneció hasta 1943, donde se impulsó una formación docente “nacionalista y patriótica” mediante el deporte. Los egresados promovieron las tablas gimnásticas y los ejercicios de orden y control —de influencia militar—, tales como la táctica y la estrategia aplicadas a la enseñanza del deporte.
En esa época, destacados educadores mexicanos impulsaron la formación de maestros basada en el enfoque activo, según el cual la escuela debía ofrecer una variedad de experiencias productivas y sociales para que los alumnos identificaran problemas y aprendieran a resolverlos con creatividad. También apoyaron estrategias para expandir la educación popular, en la búsqueda de una mayor equidad y solidaridad en beneficio de la población.
Entre 1943 y 1949, la Escuela Normal y Premilitar de Educación Física se organizó bajo un enfoque que ponía el énfasis en una concepción militar de la actividad física, acorde con las condiciones que caracterizaban la época de finales de la Segunda Guerra Mundial y los inicios de la posguerra. Con un propósito diferente, entre 1949 y 1955, la Escuela Nacional de Educación Física (ENEF) se orientó hacia una concepción de la disciplina basada en lo deportivo.
Durante aquellos años la formación de docentes de educación física se consolidó institucionalmente y comenzó su expansión mediante la apertura de escuelas en distintas entidades del país. Esto fortaleció la calidad educativa en lugares donde la educación física era impartida por egresados de escuelas normales, ya que en la mayoría de los estados los docentes no tenían la preparación adecuada.
A finales de los años 60 apareció, de manera predominante en el ámbito del deporte internacional, el enfoque técnico-deportivo, que caracterizó la propuesta formativa brindada por la ENEF. Al inicio de los años 70, en esta misma escuela se estableció el plan de estudios de cuatro años; durante esta década, la formación de docentes se sometió a un análisis crítico, enriquecido con la incorporación del enfoque psicomotriz, el cual tenía como base los principios que fundamentaban la importancia del desarrollo psicomotor en la adquisición de un pensamiento superior y buscaban soluciones que hicieran más eficaces los procesos educativos. Este enfoque formativo criticaba la concepción biomotriz, base del enfoque técnico-deportivo y de los sistemas de entrenamiento deportivo que creaban estereotipos estables y rígidos, los cuales terminaban por afectar la capacidad física.
La propuesta de la tecnología educativa, que dio lugar a los programas por objetivos, centró el proceso educativo en tres esferas de desarrollo: cognoscitiva, afectiva y motriz. En el marco de estos programas, la tendencia deportiva psicomotriz enfatizó la educación psicocinética para los primeros años de escolaridad básica (preescolar y los tres primeros grados de primaria) y la actividad deportiva en los tres grados restantes de la educación primaria y en la secundaria. Se definió a la educación física como educación por el movimiento, con lo que se propició el reconocimiento de la especialidad como disciplina educativa.
Con la creciente urbanización, el desarrollo industrial y el incremento del tiempo libre, y en respuesta al interés de los alumnos por el juego y las actividades deportivas, la formación de docentes se fortaleció considerablemente e incorporó, dentro del marco de los programas por objetivos y con el enfoque psicomotriz, la enseñanza de actividades lúdicas y recreativas.
El Acuerdo Secretarial 11140, del 6 de septiembre de 1976, estableció los estudios de licenciatura para formar docentes en educación física y autorizó el plan y los programas de estudio en las modalidades escolarizada y extraescolar; esta última con el fin de que los profesores de educación física en servicio alcanzaran el nivel de licenciatura. Con ello se establecieron las responsabilidades en la formación de docentes y se marcó la pauta para atender los servicios por medio de áreas: docencia, investigación, difusión y extensión de la cultura. En este proceso, la Escuela Superior de Educación Física (ESEF, antes ENEF) del Distrito Federal cumplió un papel importante en el diseño de un plan de estudios basado en un enfoque psicomotriz y deportivo.
En el Informe de Labores 1981-1982, de la SEP, se señala que “Se reestructuraron los planes de estudio de las escuelas normales de educación física, y se produjeron e imprimieron los materiales de apoyo necesarios” para el sistema escolarizado; además, en 1982 se creó la Subsecretaría del Deporte, a la que se inscribió la ESEF, institución donde se elaboró el documento de reestructuración académica que permitió delinear el modelo curricular del plan de estudios de 1982 para la formación de educadores físicos. Fue una reestructuración porque al plan de estudios de 1976, que estableció el nivel de licenciatura, se le hicieron modificaciones para reforzar el enfoque deportivo y psicomotriz.
El plan 1982 propuso la formación de estudiantes en 10 campos: pedagógico, psicológico, administrativo, investigación, cultura general, cívico-social, filosófico, biológico, técnico-deportivo y artístico. Estos campos se estructuraron en cinco áreas de formación, con los siguientes porcentajes aproximados y de acuerdo con el número de horas asignadas en el mapa curricular: técnico-deportiva (36.7%), ciencias psicopedagógicas (20.6%), ciencias biológicas (18.3%), ciencias sociales (10.3%) y técnico-artística (5.7%). Además de las materias optativas —la mayoría del área técnico-deportiva— a las que correspondió 9.1%.
Este modelo marcó la pauta para la formación de profesores de educación física en el Distrito Federal y fue adoptado por otras entidades federativas; su fundamentación, basada en la tecnología educativa, significó un avance importante en su momento, puesto que consideró los principios pedagógicos, los conocimientos y las habilidades a desarrollar en la formación de los estudiantes, así como los rasgos, las cualidades y las características del profesional en su perfil de ingreso, egreso y campo profesional.
Por acuerdo presidencial, el 23 de marzo de 1984 todos los estudios de educación normal se elevaron a nivel licenciatura. En el caso de la educación física, esta medida ratificó lo establecido desde 1976 e implicó, para las escuelas normales que ofrecían dichos estudios, su adscripción a la Dirección General de Educación Normal y Actualización del Magisterio en 1985.
Con el Acuerdo Secretarial 136, publicado el 7 de junio de 1988, se derogó el Plan de Estudios 1976 de la Licenciatura en Educación Física, en lo correspondiente a la modalidad extraescolar y se aprobó una versión ajustada del Plan de Estudios 1982, que aún se aplica en modalidad semiescolarizada.
La SEP, mediante el Acuerdo Secretarial 141, publicado el 5 de septiembre de 1988, aprobó los planes y programas de educación física para la educación inicial, preescolar, primaria y secundaria, cuyo enfoque se definió como orgánico-funcional. La organización del esquema corporal y el rendimiento físico se plantearon como contenidos generales de la educación física para la educación básica. En la búsqueda de mayor capacidad física y eficiencia del movimiento, se definió a la educación física como la educación del movimiento, y a éste se le consideró como un medio para alcanzar el desarrollo de la personalidad humana; además, se eligieron como vías de activación física las técnicas de recreación, la iniciación al ritmo y al deporte, y como actividades permanentes la respiración, la relajación y la postura.
A principios de los años 90, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, se planteó la necesidad de responder a la crisis social desde el campo educativo, por lo que se exigió revalorar el papel de la educación física, reconceptualizar la disciplina y redefinir el objeto de estudio y de trabajo; incluso algunos autores propusieron cambiar su denominación. Por su parte, organismos internacionales, como la UNESCO, han enfocado el trabajo en esta área hacia los conceptos de acondicionamiento y actividad física, en favor de la salud integral del individuo y de la sociedad y en contra del sedentarismo.
El proceso de formación de profesores de educación física ha incorporado los valores y principios de la política educativa del Estado mexicano, así como distintos enfoques y propuestas surgidas en este campo del conocimiento, desde la concepción tradicional, higiénico militar, de la gimnasia, basada en ejercicios estereotipados y de repetición mecánica, vigentes a principios del siglo XX, hasta los conceptos actuales sustentados en la educación motriz, el deporte escolar, el uso del tiempo libre, la educación física para la salud y la expresión corporal, entre otros. En este marco histórico, resulta interesante reflexionar acerca de si la educación física ha hecho aportaciones relevantes a la educación integral de los escolares o si, por el contrario, el que en la práctica docente prevalezcan tendencias basadas en algunos de los enfoques descritos, sobre todo en el deportivo-competitivo, limita el trabajo educativo de la disciplina.
Si bien se ha ratificado al movimiento como el medio educativo y el objeto de la educación física, el reto urgente consiste en vincular sus contenidos con las condiciones de vida de los alumnos y sus necesidades educativas, dando como resultado una orientación que contribuya a lograr los propósitos de la educación básica en nuestro país.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada